Terminamos aquí la serie de tres artículos sobre las herramientas fundamentales en la administración exitosa de una organización. Los anteriores abordaron el desarrollo del personal y la gestión por competencias; ahora nos corresponde revisar un concepto que es ampliamente utilizado para analizar tanto a las organizaciones como a las sociedades en que están inmersas: el liderazgo.
Y tanto en unas como en otras, su liderazgo es el primer elemento en que se piensa cuando enfrentan crisis o situaciones de cambio. En esas situaciones, es habitual oír que todo mejoraría si hubiera más o mejor liderazgo, un cuestionamiento dirigido abiertamente a las personas que ostentan algún tipo de autoridad. Puede ser el gerente de una empresa, el director de una escuela, o un ministro del Gobierno, pero lo concreto es que se le reclama “liderazgo”.
Aquí ya advertimos una confusión de conceptos. Dejando de lado, por ahora, el tema de la "autoridad", vamos a aclarar la diferencia entre líder y liderazgo:
* Líder suele estar asociado a lo que una persona es. Es decir, se refiere a sus cualidades innatas o a la posición que tiene (autoridad, rol de responsabilidad).
* Liderazgo, por otra parte, se refiere a algo que la persona hace.
Esta diferenciación entre el ser y el hacer tiene alcances profundos. Por ejemplo, se pueden desarrollar metodologías para que personas, organizaciones o sociedades puedan ejercer liderazgo, ya que al conceptualizarlo como actividad estamos abriendo la puerta a su ejercicio desde cualquier posición.
Notemos que el mismo concepto de liderazgo como actividad le establece un límite temporal: la persona u organización lo ejerce durante un tiempo que tiene inicio y fin.
Un tema interesante asociado a esta conceptualización ocurre en las empresas, cuando se considera a una gestión efectiva (un hacer) como sinónimo de liderazgo. Es decir, se considera que los buenos gerentes serían los que ejercen liderazgo y que los líderes serían buenos gerentes.
Aclaremos que un buen director o gerente se diferencia de un buen líder, en cuanto a la administración de las carteras de negocios, mientras que el líder tiene como objetivo principal el visualizar el mejor camino para la obtención de las metas, ejerciendo buenas relaciones con las personas que tiene a cargo y generando planes de motivación a los empleados que tiene a su cargo para poder efectuar las tareas comprometidas con efectividad y compromiso frente a la institución.
Lo que sí es innegable es lo positivo de que exista a nivel gerencial un buen liderazgo, desde donde se potencien las habilidades y se evalúen las dificultades de cada uno de los trabajadores asociados a los diversos proyectos que la empresa posee, para que puedan entregar lo mejor de sí y ayudar a resolver los múltiples conflictos que se presentan en el camino.
En este escenario, a una buena y eficiente gerencia de los recursos humanos debe sumarse la generación de instancias inclusivas y periódicas de formación, junto a metas de crecimiento sostenido al interior de la organización.
En definitiva, el objetivo final del liderazgo es abordar problemas difíciles que requieren clarificar valores y generar progreso, buscando como fin primero la solución de esos problemas a través de una dirección efectiva. Este proceso sólo se logra cuando la organización y su líder trabajan en forma conjunta; en cualquier otro caso, no existe un buen ejercicio de liderazgo al interior de la organización.
Francisco Rojas Espinoza
Asistente social