Para nadie son secretos los inesperados y elevados niveles de crecimiento que está experimentando la economía chilena.
Hoy observamos a alegres autoridades vaticinando cifras al 31 de diciembre, comprometiéndose con nuevas medidas públicas, mientras ex autoridades se autocongratulan por los pasados manejos de la crisis de 2009.
Sin embargo, hay quienes sostienen que un fenómeno distinto a las políticas públicas ha sido determinante en los resultados económicos y, en el marco de ENADE 2010, parece cobrar relevancia a la hora de completar el análisis: LA FELICIDAD DE LA NACIÓN… expresada en la frase “¡Viva Chile Mierda!”.
El sitio web de ENADE 2010 hace referencia al terremoto de febrero, a los logros de la selección de fútbol y al rescate de los mineros, atribuyendo a estos acontecimientos las actuales cifras de crecimiento. Ahora bien, el ciudadano de a pie ¿comprende esta relación causa-efecto? ¿O sólo es un individuo que se mueve inconsciente de las consecuencias de la desbordada felicidad que le provoca la sensación de ser parte de una nación “ganadora”?
Podría yo llenar este documento de teorías (todas científicas) sobre las causas del crecimiento económico, demostrar que en economías como la nuestra (pequeñas y abiertas) donde el consumo representa alrededor del 66% del Producto Interno Bruto (PIB), la sensación colectiva de confianza impulsa a que las personas consuman más, hagan crecer sus niveles de endeudamiento en pro del consumo presente y en desmedro de su consumo futuro, haciendo que hoy tengamos niveles del crecimiento de alrededor del 7%... Sin embargo, quiero analizar la fragilidad de este fenómeno, si sólo lo centramos en ese hecho.
Y mi pregunta es: ¿Qué sucederá cuando “El Loco” Bielsa ya no nos brinde las alegrías que nos dio durante este año, o cuando los 33 retomen su vida común y vuelvan a aventurarse en cualquier otra mina corriendo los mismos riesgos que los llevaron a la fama? ¿Nos volveremos una nación infeliz y trunca, con un Estado preocupado de inventar motivos para hacernos felices y que así hagamos crecer la economía?
Cuando nos golpeó la crisis de 1998, atribuida a la caída de los Dragones Asiáticos y el desborde de sus aceleradas economías, ¿éramos un país tan triste que demandó esfuerzos profundos para poder levantar una economía notoriamente deprimida? ¿O bien quienes dirigían nuestra economía no fueron lo bastante prudentes, empecinados en la apertura, y no contuvieron la caída de las neopotencias asiáticas?
Se sostendrán distintas posturas ante mi pregunta. Sin embargo, quiero centrar mi opinión en la estructura que sostiene el PIB y que es la variable que hoy nos hace hablar de este tema, así como de las medidas necesarias para dejar de depender de los niveles de endorfina de las personas…
CON VISIÓN A LARGO PLAZO
Estudios de las economías del este asiático, Chile, República Dominicana y El Salvador permiten identificar algunos elementos que son cruciales para sustentar los crecimientos de economías como la nuestra, y que permitirían reducir las fluctuaciones del PIB, basados en medidas como:
La ciencia inexacta de la Economía ha permitido, en su larga historia de ensayos y errores, determinar cuáles son los factores que estabilizan a las naciones, otorgando soluciones profundas y estructurales que, más que apuntar al estado transitorio de alegría, apuntan a generar un estado de bienestar entre los individuos, sustentado y que genera economías normalizadas y, en el largo plazo, desarrolladas.
Si bien la expresión más propia de la chilenidad enmarcada en el Encuentro Nacional de Empresas nos contextualiza en un estado de ánimo generalizado de nuestra nación, propongo una verdadera fiesta de largo aliento, donde realmente podamos gritar ¡¡¡Viva Chile Mierda!!!
Gabriela Sanhueza
Ingeniero Comercial