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Licencia social: la gente decide

En un mundo crecientemente globalizado e industrializado, el desarrollo económico parece ser la meta de todo país, empresa o individuo. Sin embargo, ya terminaron los tiempos del denominado "capitalismo salvaje" y, desde hace unas décadas, diversas restricciones impiden que se recurra a cualquier método para lograr ese desarrollo.

Esta situación es especialmente notoria en el caso de actividades económicas que afecten al medio ambiente. La preocupación por los recursos no renovables y por la contaminación ambiental, unida a la formación de fuertes organizaciones activistas en el sector, ha permitido el surgimiento de normativas locales, nacionales e internacionales que establecen límites y regulaciones en defensa del ambiente.

En general, las restricciones a la actividad económica buscan el bien superior de las personas o su ambiente, con una visión a largo plazo, en que los intereses de las generaciones futuras no resulten afectados por la búsqueda de ganancias a corto plazo.

Cuando esta misma visión es asumida voluntariamente por una empresa y va más allá de lo que establecen las leyes, podemos hablar de "responsabilidad social empresarial". Sin ahondar en problemas conceptuales, digamos que es la responsabilidad de la empresa hacia sus diversos públicos de interés, que se traduce en una actuación que merece adjetivos como ética, sustentable y, por supuesto, responsable.

Tanto la responsabilidad empresarial como su consecuente accionar responden, al menos en parte, a la actitud del público en general (no sólo a los clientes o consumidores). Porque las empresas conviven con personas. Como sabemos en CMC Soluciones, son personas que se preocupan de lo que le ocurre a su entorno, del futuro de sus hijos... y que tienden a organizarse para defender sus derechos o sus intereses.

Teóricamente, a estas comunidades conscientes, empoderadas y organizadas (al menos potencialmente) se les asigna la capacidad de otorgar un permiso para que operen determinadas empresas. Es lo que se conoce como "licencia social", un elemento intangible y que también está más allá de las leyes, dado que se da en el irregulable ámbito de las percepciones.

En términos generales, se sostiene que toda empresa requiere una licencia social para operar, la cual no es un documento escrito ni algo concreto, pero puede ser más fuerte que las autorizaciones legales que existan.

Un ejemplo es Panguna, la mina de cobre a tajo abierto más grande del mundo en 1989, cuando tuvo que cerrar debido a la oposición de los habitantes de Bougainville, la isla donde está situada (sigue ahí, abandonada, pero aún con riquezas minerales y a la espera de ser reactivada). El rechazo se fundaba en problemas de contaminación y en la falta de regalías locales. Fue un caso extremo, donde la oposición a la minera derivó en un movimiento armado y separatista, pero muestra claramente que el respaldo legal, institucional e incluso militar no garantiza el éxito de un emprendimiento si no cuenta con la buena voluntad de las personas afectadas.

El concepto de licencia social se ha impuesto en la minería, seguramente por las externalidades negativas que provoca esa actividad. Ya no basta con cumplir los requisitos legales para iniciar o mantener una explotación minera. También hay que ganar, para el proyecto en cuestión, el apoyo de los distintos grupos interesados.

La licencia social no sólo es abstracta. También es dinámica, lo que significa que puede cambiar en el tiempo. Es decir, no basta con conseguir apoyo para comenzar un proyecto minero o de otro tipo, sino que se debe cultivar la buena voluntad de los públicos de interés para que ese respaldo se mantenga.

Si bien esos grupos o públicos de interés son varios, la aceptación de la comunidad en que se inserta un proyecto es crítica para su éxito, especialmente cuando esa comunidad puede verse afectada negativamente, como en los proyectos mineros o de generación energética.

Obtener una licencia social no es una pérdida para una empresa. Todo lo contrario: es una inversión que puede ser muy rentable en el terreno de lo intangible. Pensemos que en este mundo globalizado el apoyo comunitario en un lugar predispondrá positivamente a las personas de otro (y viceversa, una empresa que falle en obtener la licencia social de una comunidad tendrá mayores dificultades para insertarse en otro sitio).

La licencia social, por lo tanto, otorga una ventaja competitiva. Y en CMC, donde trabajamos constantemente por mejorar la competitividad de las personas y las empresas, conocemos la importancia que esto tiene en el mundo actual.


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