
Microempresaria de Quilpué realiza un "trabajo de hombres", aplicando su creatividad a la madera y materiales de demolición.
El éxito de un emprendimiento normalmente está relacionado con el gusto que el emprendedor siente por lo que hace. Es decir, disfrutar y triunfar suelen ir de la mano.
Un ejemplo de esta relación es Yolanda Caro, microempresaria de Quilpué que contó con el apoyo de FOSIS y de CMC Soluciones en un Programa de Apoyo al Microemprendimiento (PAME).
Para empezar, ella disfruta en su negocio. Y eso que se trata de un trabajo rudo, "más de hombre", como reconoce cuando explica lo que hace: "Mi trabajo consiste en la fabricación y creación de muebles rústicos, decoración rústica, todo lo que tenga que ver con objetos que se usen, como unas lámparas bien modernas que ahora estoy haciendo. Ocupo mucha madera nativa y de desecho (de demoliciones). Voy a los cachureos, donde venden fierro... El común de las mujeres se dedica a repostería y otras cosas, que también tienen su encanto, pero lo mío es diferente".
- Parece especial...
- Pero más que especial, yo diría que no hay nada mejor que hacer lo que a uno le guste y desarrollar ciertas habilidades. Y esto me permite estar a mí en constante innovación, creando cosas nuevas. De repente veo algo y digo 'por qué no hacerlo de otra forma'. Entonces, eso me da cierta libertad. Los trabajos comunes no lo tienen, porque hay que cumplir horarios, porque a una muchas veces la limitan en cuanto a su casa, y yo soy jefa de hogar. Entonces, esto me permite acomodar mis tiempos y poder desarrollar lo mío, mi trabajo, porque es el sustento principal para mi casa, sin descuidar a mis hijos.
- ¿Entonces tiene el taller en su casa?
- Mi taller está en mi casa, pero yo me muevo constantemente, porque también tengo que salir a hacer trabajos afuera y tengo que salir a buscar cosas, como mis materias primas. Pero principalmente trabajo en mi casa, lo que me permite estar con la familia y todo lo que implica eso.
- ¿Hace mucho tiempo que tiene este negocio?
- A este trabajo yo me dedico ya desde hace varios años. Lo había abandonado por cierto problema, pero, como se dice, no me había creído el cuento de lo que yo hacía. Porque siempre estaba haciendo cosas para mi casa y llegaba gente, mis amigas, y me decían "Uy, qué lindo lo que hiciste, por qué no lo vendes, por qué no haces de esto tu trabajo". Y por aquí, por allá, me fui creyendo el cuento. Un día X pasé por avenida Libertad, vi el FOSIS... Fue todo tan raro, las cosas como que se fueron dando solas. Me encontré con una amiga que trabajaba ahí y me inscribí. Y salió el PAME, con lo que pude comprar herramientas un poco más avanzadas, que me permiten desarrollar más volumen de trabajos. Y una adquiere otras cosas que le permiten un desempeño mejor en lo que hace.
- Por lo tanto, ¿puede notar un crecimiento del negocio?
- Sí, mucho, mucho. La mejor forma de medirlo yo creo que son los ingresos que he tenido. Y más que los ingresos (que son muy importantes, por supuesto), yo diría que es la confianza que esto me ha dado. Es la confianza personal, decir que esto lo puedo llevar a generar recursos para un mejor estilo de vida. Entonces, ¿si lo puedo medir? Claro: es un salto cualitativo.
- ¿Pero ya le bastaba para vivir antes del PAME?
- Ya era un negocio para sustentar a la familia, pero el PAME me abrió otras puertas. Porque uno ya conoce otras cosas, ya se atreve a hacer otros proyectos, a innovar. Por ejemplo, quiero postular a un proyecto CREA [programa de SERCOTEC para artesanos]. Antes, mi negocio se sustentaba, pero quizás ahora, más que sustentarme, me dio mucha seguridad.
- ¿Cómo pueden encontrarla?
- En mi taller, en Los Albatros 1614. También tengo mi página web: www.khuska.com, aunque ahora está en mantención. Khuska en aymará significa "juntos" ¿Y por qué juntos? Porque yo sin mis hijos no hago nada. Mis hijos son ese apoyo; son el motor, mi inspiración, el motivo de hacer las cosas con más ganas. Y me ayudan. Tengo hijos mayores; la mayor va a la universidad. Entonces, ellos ponen su encanto, me dan su opinión y también me ayudan. Es como una empresa familiar.
- ¿Cuántos hijos tiene?
- Cinco hijos: cuatro niñas y un niño. Son mi gran motor, digo yo, porque gracias a Dios me salieron buenos niños. Y al final, eso también es un motivo. Sé que tengo que esforzarme más, porque ellos también están creciendo. ¿Creciendo en qué? En las buenas notas, en ser mejores personas... Entonces, eso agrega satisfacción y muchas responsabilidades, porque una no los puede defraudar como mamá.
